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LA PALABRA DEL DOMINGO

Juan López Vergara

El pasaje del santo Evangelio que nuestra madre Iglesia celebra hoy concluye con una esperanzadora declaración de Jesús quien asegura que en la cruz es revelada su gloria. Dado que al acreditarse como el prójimo absoluto opera nuestra salvación, a través de su amor que perdona y restaura, atrayendo a todos hacía él (Jn 12, 20-33).

LA FECUNDIDAD SALVADORA DE LA CRUZ
Unos griegos que acudieron a Jerusalén a la Pascua estaban interesados en conocer a Jesús. Felipe y Andrés le informaron (véanse vv.20-22). Jesús entonces reveló: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado” (v. 23). Enigmáticas palabras que aclaró mediante dos imágenes:

“Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere produce mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna” (vv. 24-25).

En la antigüedad el proceso de la siembra y la nueva planta se concebía no como simple proceso natural, sino como algo maravilloso. Jesús anuncia la fecundidad de su muerte que será salvadora, pues de ella brota la vida eterna.

LLAMADOS A SEGUIR A JESÚS PARA SERVIRLO
El camino de Jesús, su “pro-existencia” radical consiste en vivir para los demás.
Se ha acreditado como el prójimo absoluto, y ha revelado que sus discípulos serán reconocidos por el amor que se profesen (compárese Jn 13, 35). Jesús da ejemplo de que cada persona se posee para entregarse, y se entrega para realizarse: se es para sí siendo para los demás. Y Jesús nos invita a seguirlo para servirlo confortados por su presencia:
“El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre” (v. 26).

JESÚS ATRAE A TODOS HACIA ÉL EN LA CRUZ
Jesús comparte en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; conoce el abismo de la agonía, “ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido” (v. 27 compárese Hb 5, 7-9). Conformar la voluntad humana a la voluntad divina es el corazón mismo de la redención. Se escuchó, entonces, una voz que venía del cielo, que manifestaba que la comunión con el Padre en la obediencia se transforma en la glorificación de Jesús por el Padre y del Padre por Jesús (véase vv. 28-31). Jesús es el Hombre que ha llegado hasta el límite de nuestras posibilidades, su libertad absoluta, su participación desinteresada y a la vez arriesgada en una solidaridad que le llevó hasta la cruz, la hora de la victoria, cuando al ser “exaltado” atrae a todos para sí (véanse vv. 32-33).

Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios ofrecida el día de hoy, tomemos conciencia que Jesús nos enseña que una vida de plenitud no la puede romper ni la muerte, que se convierte en fuente de vida; vivir es des-vivirse para que los medio-vivos-revivan. La cruz es el lugar de encuentro del don del Padre, que nos entrega al Hijo para que comparta nuestro destino y reconozcamos en Él su voluntad de reconciliación, y el don del Hijo que entrega su vida delante del Padre por nosotros, manifestando así el inquebrantable poder del amor. En la cruz Jesús atrae a todos hacia sí testificando que sólo el amor es vida eterna” (vv. 24-25). digno de fe.

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