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ALFREDO ARNOLD

Los contenidos que añadieron a los libros de texto gratuitos elaborados para el periodo escolar 2023- 2024 no deben causar sorpresa, ya se había tardado el gobierno en hacer estos cambios con tintes de izquierda, tal vez por la irrupción de la pandemia.
¿Fue Esteban Moctezuma, primer titular de la SEP en este sexenio y hoy Embajador en Estados Unidos el autor intelectual de los cambios? ¡Por supuesto que no! Moctezuma fue presidente de Fundación Azteca, perteneciente al Grupo Salinas, que desde hace años ha promovido la educación de calidad en nuestro país y hoy es el principal crítico de los libros a través de su televisora.
¿Sería la segunda titular de la SEP, Delfina Gómez, hoy gobernadora electa del Estado de México la responsable?
Es poco probable, ya que el escándalo habría menguado sus posibilidades de ganar la carrera electoral en esa entidad.
Entonces, ¿la decisión la tomó la actual titular, Leticia Ramírez Amaya?
Yo diría que tampoco, pues, aunque es la cabeza del sector educativo, asumió este cargo apenas en septiembre del año pasado. Tiene menos de un año en el cargo y los cambios realizados a los libros debieron haberse realizado y aprobado desde antes.
Naturalmente, la responsabilidad recae en el Presidente, bien sea porque él mismo haya dictado los párrafos polémicos o bien porque depositó su confianza en un grupo de personajes irresponsables que le crearon un problema innecesario en tiempos tan delicados como éstos pre-electorales.
Los libros de texto gratuitos, a pesar de las críticas que han recibido, desempeñan un papel importantísimo en la educación básica. Deberían cambiar sus contenidos sólo si es para mejorar, para actualizarlos, no para que se vuelvan objeto de controversia. Existe desde 1959 la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, organismo público descentralizado de la SEP, que ni siquiera fue consultado.
Pero el título de este artículo sugiere que no solamente los libros de texto atentan contra el sano desarrollo de los niños, hoy expuestos a múltiples embates sociales.
Comenzaría por el aborto. Cerca de 300 mil embarazos se han interrumpido “legalmente” desde 2007, la gran mayoría en la capital y el Estado de México. De los abortos clandestinos no hay cifras confiables, aunque una es aterradora: el 54% de los embarazos es interrumpido legal o ilegalmente.
El hambre. De acuerdo con el Coneval (2018), había 881 mil 752 niños con desnutrición infantil. Hoy, el mismo Coneval afirma que creció la pobreza extrema.
La deserción y bajo aprovechamiento escolar. Para el ciclo 2022-2023 se inscribieron en educación básica 24 millones de estudiantes, lo que sugiere que unos 700 mil niños abandonaron la escuela durante la pandemia (la cifra de la deserción escolar no es oficial ni está clara). Hace unos meses, se informó que niños de tercero a quinto de primaria no sabían leer ni resolver operaciones aritméticas sencillas.
Políticas de género. En algunas entidades, los niños ya pueden cambiar su nombre y género sin autorización de los padres. Y podemos añadir el bullying escolar, la influencia negativa del internet, el descuido de los padres en el hogar, falta de medicinas, incitación a la violencia, inmersión a la delincuencia organizada, programas inadecuados en televisión abierta, etcétera, etcétera.
Un informe de la Organización Mundial de la Salud señala como factores adversos a la niñez: la desintegración del entorno familiar, los conflictos armados, pobreza extrema, desastres naturales, hambre, abusos físicos y sexuales, explotación infantil, desplazamiento y migración.
Niños de la calle. Así los define la ONU: “Cualquier niño o niña para quien la calle (en el sentido más amplio de la palabra, lo que incluye viviendas desocupadas, eriales, etc.) se ha convertido en su morada habitual y/o su medio de vida, y que carece de protección, supervisión o guía suficiente por parte de adultos responsables”, mientras que un informe de la organización Consortium for Street Children, de Reino Unido, los identifica como “juventud callejera: son hombres y mujeres que se han mantenido en la calle durante varios años y que han ingresado en diversas ocasiones a programas de ayuda social especializados o a espacios carcelarios. Tienen una dependencia profunda de las drogas y presentan daños neuronales y/o padecimientos psiquiátricos”. Se estima que en el mundo hay unos 100 millones de niños y jóvenes de la calle, 40 millones de ellos en América Latina.
Forzados a elegir entre dos males, ¿qué es peor?: ¿Un niño comunista o uno abortado antes de nacer? ¿Un niño marxista o uno que carece de alimento? ¿Uno adoctrinado por la izquierda o uno reclutado por la delincuencia?

Mejor sería crear políticas públicas que favorezcan la infancia, que generar más problemas modificando inadecuadamente los libros de texto.
Si antes de venir al mundo se nos diera la facultad de elegir en qué lugar quisiéramos nacer, probablemente millones dirían:
“¡En el planeta Tierra, no… en México, menos!”

El autor es LAE, diplomado en Filosofía, periodista de vasta experiencia y académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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