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Ser mujer en este mundo es difícil… por una parte, características naturales que, quiérase o no, complican las cosas.
Por la otra, el tan arraigado machismo, que impide un piso parejo. Y en otro extremo, un feminismo en ocasiones mal entendido, que exige se llegue a extremos o invita incluso a cometer actos ilícitos, ocultándose detrás de una bandera o una causa.
Pero el tema es tan extenso y polémico, que difícilmente llegaremos a coincidencias. En lo que sí podemos coincidir es en evidenciar esa realidad que impide, obstaculiza y se niega a reconocer las capacidades de nosotras las mujeres en el ámbito social, político y laboral. Ello, a pesar de que la historia está llena de ejemplos exitosos en diferentes espacios, tiempos y disciplinas: Marie Curie, Virginia Woolf, Coco Chanel, Amelia Earhart, Frida Kahlo, Rosa Parks, Rosalind Franklin, Malala Yousafzai, Hedy Lamarr o Margarita Salas son tan solo botones de muestra.

PREJUICIOS ARRAIGADOS
Existen prejuicios muy arraigados, tanto en ellos como en nosotras,
que continúan dominando por encima del talento de las mujeres. Algunos tan aberrantes como pensar que estamos hechas exclusivamente
para atender el hogar y a los hijos; que si eres guapa, obtienes una mejor posición de trabajo, o que algo tan natural como sagrado, como lo
es el ciclo o período, nos vuelve menos competentes.
Esos y otros tantos criterios inciden directamente en que solo 23%
de las posiciones de liderazgo en Latinoamérica estén ocupadas por mujeres, de acuerdo con el Ranking PAR Latinoamérica 2019.
Y si nos referimos a la participación de la mujer en el ámbito laboral,
nos daremos cuenta de que las escasas oportunidades –incluso desde antes de la pandemia– terminan por afectar terriblemente a la sociedad en su conjunto. Estudios del Banco Mundial (BM) muestran que en 2019 la participación laboral femenina en México fue apenas del 45 por ciento, contra 77 por ciento de participación de los hombres, una brecha de 32 puntos porcentuales. El nuestro es de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con
menor participación laboral de la mujer, solo por arriba de Turquía e Italia, cuyos indicadores son aún menos alentadores. En América Latina y el Caribe, México solo está por encima de Guatemala.
“Si las mujeres participaran a la misma tasa que los hombres, el ingreso per
cápita del país sería 22 por ciento más alto. Los bajos niveles de participación femenina en el trabajo remunerado y el espíritu empresarial representan una gran pérdida de productividad y, por lo tanto, una pérdida en el Producto Interno Bruto (PIB). La participación laboral de la mujer en México”, advierte el reporte elaborado por el BM.

TABUES DAÑAN A TODOS
Tabúes y más tabúes, terminan por hacernos daño a todos. El escaso reconocimiento de las capacidades de la mujer, los estigmas y las aún limitadas políticas públicas que garanticen piso parejo, nos impiden avanzar.
Incluso nosotras las mujeres tenemos el reto de entender en serio que
nuestras características, preparación, desempeño y resultados son más importantes que nuestro género y nuestra vida personal.

@arquimedios_gdl

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