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Llenar el alma leyendo la Palabra de Dios

LUPITA VENEGAS
PSICÓLOGA


LUPITA:
Mi papá está muy angustiado, se siente seguro de que estamos siendo controlados a través de las vacunas, de los celulares, de chips especiales.
Se pasa el día leyendo todo lo que fortalezca sus miedos. Además, los transmite a sus nietos. Mi esposo
y yo queremos evitar que influya en los niños y, por supuesto, queremos ayudarle.
Ma. El
ena C.


HERMANA MÍA, MALE:
Jorge Luis Borges hizo una afirmación que me parece cierta: “Somos lo que leemos, y nuestro cerebro se transforma literalmente a través de los textos que introducimos en nuestra mente”. Y yo agregaría, en forma coloquial, algo que afirman los descubrimientos más recientes de las neurociencias: de lo que alimentamos la mente, alimentamos también el corazón.

Recuerdo que mi mamá, a sus 79 años, nos anunció: “Voy a leer la Biblia en un año, de la mano de la Iglesia, bajo la guía de un plan del Padre Nelson Medina. Los hijos la alentamos para que cumpliera su propósito, y un año después celebrábamos con ella su constancia y perseverancia en la tarea, pues la cumplió cabalmente.
Ella ha sido ejemplo fi el de vida cristiana, mujer de oración y de estudio, una fe vivida en todas sus dimensiones. Siempre actualizada en Magisterio, ha leído los documentos del Concilio Vaticano II, medita la Palabra, sabe de la historia de la Iglesia…, pero lo mejor de todo es que siempre ha realizado obras de caridad. Ella permanece haciendo el bien, le gusta decir que es por amor a Dios. En casa ha generado un ambiente de unidad y solidaridad, nos habla bien a todos de todos, nos comparte apasionada sobre lo que lee, y lee lo que nos edifica.

Ella nos ha recordado lo que decía Santa Teresa: “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”.
PERO, QUÉ LEER?
Septiembre es el mes de la Biblia, es un excelente mes para decidirnos a alimentar mente y corazón de la sacratísima Palabra de Dios. Su Palabra está viva y es eficaz. Nos transforma, renueva nuestra esperanza y
nos impregna de alegría. Por qué alimentarnos de lo que causa desasosiego y pesimismo, si podemos llenar las ansias del alma con la Palabra que nos pone en posición de actuar a favor de lo mejor.

Cuando rezamos, hablamos con Dios, pero cuando leemos las Sagradas Escrituras, es Dios quien nos habla a nosotros (San Agustín).

Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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