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(Homilía 12 de octubre 2022 – 1ª parte)

Se cumplieron 60 años del inicio del Concilio Vaticano II en este mes de octubre, y a esta distancia,
vivimos un proceso abierto de recepción de las enseñanzas de este Concilio, siendo una de las más sobresalientes, que no acabamos de asimilar y de poner en práctica, es entendernos como
pueblo santo de Dios.
Nosotros, Iglesia, somos el pueblo santo de Dios, porque el día de nuestro bautismo vino a habitar el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en nosotros.
Somos el pueblo santo de Dios que camina en la historia, que está presente en los pueblos y ciudades, que está activo en todos los campos de la vida humana, en todas las circunstancias que, como bautizados, estamos presentes.
Este día, muy de mañana, nos dispusimos a caminar con la bendita Imagen de Ntra. Sra. de Zapopan, recorriendo el camino hacia su casa, su Santuario.

Esta experiencia es una manifestación pública, palpable, sensible de que somos la Iglesia, pueblo santo de Dios, pueblo que peregrina, que camina, pero que no camina solo, sino de la mano de la quien reconoce bien el Camino, es decir, nuestra Madre Santísima de Zapopan.

Es más, Ella lo llevó nueve meses en su seno, lo dio a luz, lo acompañó en su infancia, en su vida pública, hasta el momento culmen de su muerte en la cruz. Jesús, el hijo de María, es el Camino, el único Camino que nosotros, como Iglesia, estamos llamados a recorrer, mientras dure nuestra peregrinación en esta tierra.
Por eso, la experiencia de la Romería, de esta hermosa peregrinación, nos recuerda nuestra condición de Iglesia pueblo de Dios en camino. Como Iglesia no inventamos el camino, no seguimos cualquier camino, sino que, junto de la mano de María, solo reconocemos un único Camino, y éste es Jesucristo.
Otro de los temas del Concilio Vaticano II, que estamos asimilando y poniendo en práctica, es el modo en cómo nos escuchamos en la Iglesia. Los que la formamos tenemos el deber de escucharnos, para que aprendamos a hacer el camino juntos, es decir, a seguir juntos a Jesús.
En estos 60 años después del Concilio Vaticano II hemos profundizado en la comprensión de la Iglesia en
clave misionera, para que sepamos que todos somos corresponsables de la acción evangelizadora, que no es la misión reservada a una élite (Papa, Obispos, Sacerdotes). La misión es de todos, es compromiso de todos los que formamos la comunidad de discípulos de Cristo.

Este elemento del Concilio Vaticano II lo estamos retomando, profundizando y haciendo un sincero esfuerzo por ponerlo en práctica; manifestarnos y vivir como una Iglesia en salida, misionera, que toca todos los campos de la vida humana.

Al caminar por las avenidas pudimos ver los distintos edificios que representan el mundo de la educación,
de la salud, de la economía, de las comunicaciones, y pensaba que nosotros, como Iglesia, estamos llamados a evangelizar todas estas actividades de la vida humana. Los campos en donde se manifiesta la vida humana son espacios propicios para nuestra misión de evangelizar, de dar a conocer a Jesucristo, el
único camino de salvación.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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