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LA PALABRA DEL DOMINGO

Juan López Vergara

Nuestra madre Iglesia presenta hoy un pasaje de los más atrevidos de los santos Evangelios, porque refiere lo que Jesús, el Cristo, Hijo de Dios, no puede hacer a causa de la falta de fe, de confianza, de apertura ante su Misterio, que culminó en escándalo (Mc 6, 1-6).
JESÚS PLANTEA UNA INTERROGANTE EN TORNO A SU IDENTIDAD
Cuando Jesús culminó su enseñanza en parábolas y su actuación prodigiosa en los ámbitos del lago de Galilea, retornó a Nazaret (véase v. 1). Como todo israelita asistió el sábado a la sinagoga, si bien rodeado de sus discípulos como un rabbí, es decir, como un maestro.

Y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: ¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?” (v. 2).

Jesús leyó y comentó un texto bíblico. Marcos, a diferencia de Lucas, no precisa cuál (compárese Lc 4, 17-19). Jesús estaba en su tierra con sus amigos, su parentela, quienes escuchaban maravillados su enseñanza y conocían de oídas o quizá de vista sus curaciones, pero se extrañaron porque en muy poco tiempo se hizo famoso en toda Galilea.
Entonces, se preguntaron si el origen de su enseñanza, la naturaleza de su sabiduría y sus milagros venían de Dios. Este es el interrogante que Jesús quería suscitar y en torno al cual gira todo el Evangelio de Marcos (compárese Mc 1, 1 y 15, 39).

SE ESCANDALIZARON
Enseguida buscaron la respuesta, pero en la dirección equivocada: “‘¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?’. Y estaban desconcertados” (v. 3). Conocían a Jesús como ‘el carpintero’. El término griego en realidad significa: ‘artesano’, pero una antigua tradición lo calificó de carpintero. Con una pregunta minimizan el alcance de los hechos maravillosos que contemplan.
La incredulidad de Nazaret refleja una tradición religiosa y sociológica que se rebela a cambiar sus conceptos: “¿De Nazaret puede haber cosa buena?” (Jn 1, 46). La gente no puede aceptar que Jesús tenga algo especial. Por Jesús estaban ‘escandalizados’, que es la palabra típica para indicar el tropiezo en la fe.

JESÚS SE QUEDÓ ASOMBRADO DE SU FALTA DE FE
Jesús les lanzó un proverbio: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa” (v. 4). Jesús, el profeta rechazado en su tierra. La flor del orgullo es el espíritu estrecho. La mezquindad fue la razón por la que no fue escuchado. ‘Santo de casa no hace milagros’. Aparece luego una atrevida declaración:

“Y Jesús no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos” (v. 5; compárese Mc 13, 32).

Estos versículos no tienen paralelo en Lc 4, 16-30, y Mateo los retocó (compárese Mt 13, 58). Jesús se quedó asombrado de su falta de fe y se fue a enseñar a otros pueblos (véase v. 6).
Muy apreciables lectores, para actualizar el santo Evangelio del día de hoy, los invito a meditar que en su visita a Nazaret, el asombro e incomprensión del pueblo que vio crecer a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, terminó en escándalo.

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