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En ocasiones, detrás de una actitud de soberbia existe un gran complejo de inferioridad. El amor de Dios puede ayudarnos a vencer nuestro propio ego y pensar en los demás. El primer paso, es reconocer que estamos fallando.

Martin Gerardo Cruz Ruiz

Me sentía especial y superior a los demás, los miraba con arrogancia y desprecio. Me sentía merecedora de todo y del servicio de los que me rodeaban. Me molestaba si no me elogiaban, deseaba que elogiaran mis cualidades, que creía yo, eran superiores a otros.

Incluso por momentos llegué a creer que yo no era humana, que no iba hacer ciertas labores que consideraba inferiores a mí.

Quería relacionarme sólo con personas que consideraba eran exitosas, talentosas. Deseaba ser envidiada, y no entendía por qué había algunas personas que me decían que yo sólo veía por mis intereses y que no pensaba en mis trabajadores que estaban a mi servicio, en la empresa que yo inicié.

Me sentía la mejor, pero evitaba grandes riesgos, y eso hacía que no me desarrollara humana y profesionalmente.

Cómo deseaba tener fama, y ser admirada. Y si no recibía el trato que yo creía que merecía me enojaba, ahora comprendo que me sentía menos que los demás. Me dejé dominar por la soberbia.

Pero dice el Salmo que Dios es violento con los violentos y pacífico con los pacíficos, y llegó el día en que permitió el accidente automovilístico que me hizo reflexionar sobre mi vida.

Hubo personas que me hablaron del Amor de Dios y de Jesucristo su Hijo.

Por la Gracia de Dios vi con claridad el estado de mi alma.

Empecé a buscar la salud, y no me gustó esa falta de empatía que sentía. El trato que daba a los demás no era digno. Sé que no fui apreciada por mis padres y que me costaba apreciar a mi prójimo.

Soy consciente, que necesito desarrollar valores universales, una mayor empatía para ponerme en el lugar de la otra persona y valorarla. Salir de mí misma y no vivir sólo para mí.

Necesito que mis acciones sean buenas y sabias, relacionarme bien con los demás y desarrollar toda mi potencialidad en el aspecto humano y espiritual para sentirme plena.

Sé que cuento con los dones del Espíritu Santo que santifica, para amar a Jesús, servirlo como Señor, y tener un apostolado.

Comprometerme con mi propia conciencia bien formada y vivir con sencillez y naturalidad.

@arquimedios_gdl

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