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Esta zona considerada periferia de nuestra ciudad tiene mucho que enseñar a los jóvenes, pues ofrece una experiencia comunitaria de solidaridad y crecimiento.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Intercambio Rougier es un proyecto de acción comunitaria pensado para jóvenes, sobre todo para aquellos interesados en vivir un intercambio mediante el cual adquirir nuevas experiencias, conocer otras culturas o hacer nuevas amistades. Así lo explica el padre José Bayardo, Misionero del Espíritu Santo, originario de Guadalajara, con 12 años como sacerdote y creador de este proyecto, que comenzó a plantearse desde hace 2 años.

“No es precisamente un voluntariado sino, tal cual, la experiencia de un intercambio.

“En vez de irte a otro país, o de un ambiente propiamente universitario, lo que nosotros ofrecemos es introducirte en la vida de una comunidad que tiene sus propias luchas tratando de salir adelante y de mejorar su calidad de vida con dignidad y justicia.

“En concreto, el proyecto que tenemos actualmente es en el Cerro del Cuatro y son jóvenes que van a vivir 6 meses o un año ahí en la comunidad”, explica el padre José Bayardo quien tiene maestría en Estudios de Paz y Justicia.

“Mimetizarse” con la comunidad

“No vienen con una tarea específica previamente asignada. Es decir, no vienen a pintar casas o a atender clínicas sino que venimos a incorporarnos dentro de las actividades y luchas que tiene la gente.

“En el Cerro del Cuatro hay una serie de plataformas que les llaman Centros Comunitarios, que no son ni de Iglesia ni del estado sino de la misma gente de ahí que se ha organizado”.

“Estos espacios favorecen la convivencia y la solidaridad, -explicó el sacerdote-, en ellos se abordan desde talleres de género sobre el cuidado de las mujeres, hasta talleres de cocina para compartir recetas o arte para los niños así como deportes”.

“Lo que nosotros hacemos en Intercambio Rouger (IR) es ir a vivir en el Cerro del Cuatro, participar de la vida de la comunidad activamente; los muchachos ahí comen, duermen, viven, son parte de la comunidad y se integran a ella. Hay tres verbos que definen muy bien qué es lo que hacemos: estar – vincularse – acompañar”.

El cambio de vida

“Lo primero que hacemos es estar. Los jóvenes dejan su casa. En el primer grupo tuvimos una muchacha de Colombia, una muchacha de San Luis Potosí y uno de Guadalajara. Ellos reaprenden a estar desde otras categorías, desde otro contexto, desde otras condiciones. Porque no es lo mismo ver la ciudad desde ese lugar.

Vincularse es fundamental. La idea es rehacer el vínculo urbano, esto sintetiza mucho el proyecto. Lo que tratamos es de ir acercando realidades a través del vínculo humano, sin importar que sea una zona periférica, popular con una serie de problemáticas como la violencia, pero que estando presentes ahí se pueden gestar nuevas cosas y nuevas maneras de estar.

“Esto implica también acompañar. Intercambio Rougier no pretende proponernos como líderes de ningún proyecto. No vamos a enseñar. Compartimos lo que llevamos, lo que sabemos, lo que podemos, pero siempre en una línea de horizontalidad de acompañantes.

“Si podemos ayudar a escuchar o dar acompañamiento espiritual o simplemente con nuestra presencia, lo hacemos. Si hay una señora que da un taller de herbolaria y nuestra presencia hace que se vea más gente y que eso motive a otros a asistir, lo hacemos. Nosotros vamos aprendiendo con ellos y al mismo tiempo lo que queremos es reforzar toda iniciativa que surja de la misma gente”.

Una presencia viva

Antes de crear el proyecto, el padre José analizó la experiencia de otras congregaciones religiosas y buscó la manera de que el proyecto fuera también de acuerdo al carisma de los Misioneros del Espíritu Santo. “Lo propio de nuestro carisma es el acompañamiento. Y el planteamiento es aprender a acompañar en este tipo de realidades de lucha, de cierta violencia, de cierta marginación o cierta complejidad. Es plantearnos cómo acompañamos a las personas, desde los más pequeños hasta los más grandes, en la situación en que se encuentren: casados, divorciados, homosexuales, heterosexuales. Nosotros somos acompañantes”.

En la Red de Centros Comunitarios del Cerro del Cuatro, colabora también, por ejemplo, el ITESO. Trabajamos con los Centros Comunitarios y apoyamos en lo que sea que se necesite, incluso dando algunos talleres. Hay un grupo de ancianos que el semestre pasado nos pidieron ayuda para presentar un baile regional y así lo hicimos, los apoyamos para que ensayaran y fueran a bailar. Cuidamos que todo lo que llevamos sea en sintonía la gente de los Centros Comunitarios, para mantener un espíritu de lucha como comunidad”.

Entre otras actividades que ha apoyado Intercambio Rougier estuvo una marcha para conmemorar a los muertos, el día de los fieles difuntos, además de apoyar un naciente proyecto de radio comunitaria.

El padre José resaltó una de las características  del Cerro del Cuatro es que tiene mucha vida en comunidad. “La gente del Cerro nos enseña a nosotros a hacer comunidad. Son capaces de ser solidarios, de compartir, de dar de su tiempo, de seguir buscando alternativas”.

¿Hacer o estar?

El proyecto está abierto a jóvenes con cierta madurez y capacidad de introspección,  que puedan ser autónomos, (jóvenes entre los 20 y 28 años, aproximadamente).

“Pretendemos que los jóvenes que se integren estén en búsqueda. Deseamos que quienes van tengan la disponibilidad de integrarse con las búsquedas de otras personas.

“No es tanto plantearte qué vas a hacer sino cómo vas a estar”.

Otro requisito es tener cierta experiencia que se pueda compartir.

El proyecto trata de poner atención a tres elementos que son claves. Uno, quiere ser profesionalizante. Queremos que los jóvenes a partir de estar ahí puedan descubrir otras perspectivas, otros horizontes para entender su propia carrera o que descubran el trabajo más allá del trabajo.

“El intercambio implica también un trabajo existencial, pues también hay una propuesta de espiritualidad.

“Hacemos un trabajo social y cristiano, que permita replantear la misma vocación de acuerdo a la condición de vida de cada quien”.

Iglesia en salida y en las periferias

En el primer grupo participaron tres personas. En este segundo semestre de actividades participan dos hombres y dos mujeres. Un colombiano de Bucaramanga, una chica de Irapuato y un chico y una chica de Guadalajara. Los jóvenes no necesariamente tienen que pertenecer a alguna de las Obras de la Cruz, aunque la mayoría de ellos si han surgido de grupos juveniles o colaborando en algún grupo de pastoral en las parroquias de los Misioneros del Espíritu Santo.

Los jóvenes del Intercambio tienen entre sus labores también las tareas de la casa como limpiarla, lavar su ropa, cuidando los aspectos ecológicos y tratando de llevar una vida austera y comunitaria.

La pequeña comunidad se sostiene a base de donativos, funciona a través de una fundación que tienen los Misioneros del Espíritu Santo, y puede dar recibos deducibles de impuestos.

Los intercambios inician a mediados de enero y mediados de julio previo proceso de diálogo y de selección. El sacerdote enfatizó que se cuida mucho el nivel de compromiso de las personas que acuden.

El padre destacó que lo que buscan es ser Iglesia en salida, respondiendo al llamado del Papa.

Informes: Facebook e Instagram: IR C4

Correo: intercambiorougier@gmail.com

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