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SEMINARISTA JOEL CONTRERAS OCAMPO
PRIMERO DE TEOLOGÍA

Hoy en la Iglesia universal comenzamos el tiempo de Adviento. La venida del Señor en la Encarnación del Verbo nos ilumina a entender la unión de dos realidades: Dios y el hombre.
El Adviento es el tiempo propicio para reflexionar la enseñanza de la Iglesia entorno al hombre y su relación con Dios, pues el misterio del hombre se encarece en el misterio del Verbo Encarnado.
La creación se encuentra expectante ante la venida del Salvador, así como lo estuvo ante el “sí” de María, pues toda la tierra guardaba la alegre respuesta afirmativa. Sin duda alguna que el misterio de la Encarnación que ordinariamente llamamos “Navidad” conmueve los corazones de todos los creyentes.
La venida de Jesucristo, que en nuestro entorno implica un ambiente festivo mediante los días de posadas, las reuniones familiares, la comida y la bebida, requiere de una profundización cristiana para que el acontecimiento de salvación mediante el cual el Verbo de Dios instaura los tiempos de salvación no pase desapercibido. Lo curioso es que en lo profundo de la conciencia de la humanidad existe la esperanza de que Dios ha venido al mundo para nuestra salvación.

El anuncio de salvación en el misterio pascual es antecedido por el misterio de la Encarnación del Verbo, pues
bien, lo particular es descubrir que, aunque en la práctica es necesario cristianizar más la fiesta de la Navidad, sin embargo, este misterio “afecta” de manera tan inmediata al hombre que aún en las celebraciones un tanto superficiales el misterio mismo del Verbo Encarnado habla por sí mismo y deja escuchar su voz.

Tiempo de Adviento y posadas, es sin lugar a duda un tiempo festivo, pero no es una fiesta singular, no se trata de celebrar la fraternidad entre los hombres, sino el acontecimiento del Dios hombre.
Pues es en Jesús en quién se revela quién es el hombre, y que puede y debe hacer. El hombre no es un ser condenado a sus propias pasiones, ni un ser autónomo que puede por sí mismo subsistir para siempre, sino que realmente “es” en la relación con Dios. Se es realmente hombre cuando Dios forma parte de la vida. Cuando quién soy delante de Dios tiene importancia para mí.

Celebremos con alegría, que también en el Seminario lo hacemos. Que la celebración de la Navidad sea la celebración de una relación personal con Dios, que no es de una noche o unas semanas sino de toda una vida.

Qué Jesús en estas fiestas tenga un lugar en nuestro corazón pero que no sea efímero, sino que reservemos este lugar del Señor para siempre.

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