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Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La crisis antropológica actual tiene dos grandes síntomas: la pobreza y el problema ecológico. Esta se entiende como el deterioro de las relaciones interdependientes de los seres vivos, provocando un rompimiento en de la armonía del cosmos, con el peligro de llegar a un colapso ecológico.

En el informe del Club de Roma, publicado en 1972 y titulado “Los límites del crecimiento”, se cuestionó sobre la capacidad de la tierra para seguir proporcionando recursos al ritmo desorbitante del progreso. Algunas voces críticas lo desestimaron, pero el informe tiene el gran mérito de poner sobre la mesa un tema hasta entonces no muy bien sopesado: el límite de la biosfera y la demanda exagerada de recursos; así como la superación de esta demanda sobre el potencial autoregenerativo de la tierra. Es un hecho incuestionable que las reservas de la tierra son limitadas y han sido sometidas a una explotación salvaje. Los principales recursos  naturales como la tierra y el agua están siendo saqueadas.

La tierra ha sido mal aprovechada, sobreexplotada y contaminada. Hoy lo estamos viendo en los incontrolables incendios del Amazonas. Se tala indiscriminadamente los bosques y las selvas, se usa la tierra para la agricultura y la ganadería con técnicas impropias, las urbes absorben a gigantescos pasos zonas rurales, la contaminación es cada vez mayor… Esto ha ocasionado la erosión, el problema más grave del recurso tierra. Según estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente se pierden anualmente cerca de 40 millones de hectáreas de tierra productiva en todo el orbe. La desertización y la erosión cobran millones de hectáreas por año, y esas tierras no vuelven a ser fértiles, pues el “humus”, la capa fértil, tarda cientos de años para formarse de nuevo. La pérdida de bosques y selvas lleva consigo la pérdida de la biodiversidad y, en muchos casos, la extinción de especies. En lo que respecta a nuestra patria, el 95% de los bosques tropicales húmedos se han perdido a causa del abuso industrial, ganadero y agrícola, así como de la tala indiscriminada; el 80% del suelo nacional presenta cierto grado de erosión, ocasionando la disminución de la biodiversidad mexicana, una de las más ricas del mundo, al grado de que el 28% de las especies mexicanas están amenazadas por su extinción.

También el agua, indispensable para la vida, está en situación crítica, de tal manera que se ha declarado en nuestro país como asunto de seguridad nacional. Hoy los vasos lacustres, cuencas de ríos, arroyos o mantos acuíferos se encuentran sobrexplotados y sumamente contaminados por los desechos de las zonas urbanas e industriales. Hay poca filtración pluvial en las zonas urbanas por la extensión de la capa asfáltica y por falta de un drenaje específicamente para agua pluvial; existe un desperdicio del 30% de agua potable a causa de fugas en las tuberías; no se tratan ni se reciclan las aguas residuales.

La crisis ecológica no es un cuento, es una realidad… y es responsabilidad de todos.

@arquimedios_gdl

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