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El Papa Francisco ha denunciado en varias ocasiones lo que llama una “cultura del despilfarro” en un mundo consumista y señala que tirar comida en buen estado era como robarle a los pobres.
En el Día Internacional de Concienciación sobre la pérdida y el desperdicio de alimentos del año pasado, el Papa Francisco proclamaba: “el alimento desechado es una afrenta para los pobres”.
Según la FAO, unos 1,300 millones de toneladas de comida se pierde o se desperdicia cada año, según la agencia de alimentos de Naciones Unidas.
Y el Papa argumenta: “Nuestros abuelos solían remarcar que no había que tirar la comida que sobraba.
El consumismo nos ha acostumbrado a despilfarrar comida diariamente y somos incapaces de ver su valor real”.
En el mundo industrializado, la mayoría de los desechos son generados por los consumidores, y es porque usualmente compran demasiado y deben tirar lo que no llegan a comer.
Según el informe del Instituto de Recursos Mundiales y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el año pasado en los restaurantes estadounidenses, los comensales desecharon el 9 por ciento de las comidas que compraron, por la tendencia a incrementar las porciones de todo, desde una hamburguesa con queso de tres pisos, hasta los mega refrescos.

El Papa Francisco ha advertido que la “cultura del desperdicio” era especialmente deplorable considerando la prevalencia del hambre en el mundo.
Naciones Unidas dice que el hambre afecta a 870 millones de personas, y existen 2 mil millones de personas con al menos una deficiencia nutricional.

Francisco insiste en la necesidad de reavivar la conciencia de nuestra pertenencia común a la única familia humana universal: “El que se acuesta con el estómago vacío es nuestro hermano. Compartir con él lo que tenemos es tanto un imperativo de justicia como de aquella solidaridad fraterna que brota de las relaciones familiares”.
Citando a san Pablo, nos dice el Papa: “La abundancia de unos ha de remediar la carencia de otros”, y concluye que “el desarrollo, debe estar estrechamente relacionado con la sobriedad de vida”.
En su catequesis de vicios y virtudes de hace dos semanas, Francisco reflexiona sobre el vicio de la gula, y señala que en la forma de comer se revela nuestra interioridad, nuestros hábitos y actitudes síquicas.
La alimentación suele manifestar algo interior, dice el Papa Francisco. Por ejemplo, muestra si estamos predispuestos al equilibrio o a la desmesura; manifiesta la capacidad de agradecer o la arrogante pretensión de autonomía; la empatía de quien sabe compartir la comida con el necesitado, o el egoísmo de quien acumula todo para sí y que además desperdicia los alimentos. Así como pedimos “el pan de cada día”, también habría que ser capaces de dar gracias cada día por ese pan.
Cuidando la templanza se cumplirá el refrán: “Orden y medida, y pasarás bien la vida”.
En la presente edición de Semanario, la periodista Michelle Fletes presenta un reportaje del desperdicio de alimentos en nuestro Estado de Jalisco.

@arquimedios_gdl

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