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Hermanas y hermanos en el Señor:

El Espíritu Santo otorga una diversidad de dones que suscita en su Iglesia. No obstante esa variedad, el mismo Espíritu hace que todos esos carismas sirvan para la unidad. El Espíritu Santo es el regalo más preciado de la muerte y Resurrección de Jesús.
La presencia del Espíritu Santo no es cosa del pasado, sino que aquí y ahora podemos palpar su acción en la Iglesia. Por ejemplo, recibimos el regalo de 12 nuevos Diáconos y 32 Presbíteros. Es este Espíritu el que sigue suscitando en los jóvenes el conocimiento de Jesús y el anhelo de seguirlo en el ministerio sacerdotal.
Si nos fijamos, además, en la realidad de nuestra Iglesia, tenemos que reconocer y dar gracias por tantas hermanas consagradas en los distintos carismas, en las distintas órdenes religiosas, y tantos hermanos consagrados.
También tenemos que mencionar a un gran número de movimientos laicales, apostólicos y de espiritualidad que enriquecen la Iglesia, y que no obstante esta variedad y riqueza, el Espíritu Santo hace que esa diversidad forme un mismo y solo cuerpo en la Iglesia.
Así, Pentecostés, que celebramos al inicio de la vida cristiana es un Pentecostés que se actualiza cada vez para nosotros.
El Espíritu Santo está activo, hace presente a Cristo, sus dones, pero sobre todo, nos habilita y nos compromete a ser misioneros. Somos congregados en torno a Cristo. Somos sus discípulos, pero al mismo tiempo, somos enviados a la misión. No tiene sentido ser Iglesia, ser familia, ser congregación de discípulos de Cristo si no es para la misión.
Cada uno, desde su estado de vida, desde su carisma, debe sentirse comprometido con la misión, de una manera especial los hermanos que son ordenados Presbíteros, que son ordenados no para recibir honor o

distinciones, sino para identificarse con Cristo, el enviado del Padre, y para ser partícipes de su misión.
De la misión en el Espíritu de Jesús parte un único mensaje; la misión tiene como consecuencia trabajar por la unidad en la variedad de pensar, de opinar y de ver la vida.

En medio de un mundo tan plural y tan diverso, tenemos la misión de anunciar el único mensaje que hace fraternidad, comunión y compromiso por la vida, por el trabajo y por la paz.

Qué oportuna la acción del Espíritu Santo al elegir, consagrar y enviar a los Sacerdotes en un mundo tan polarizado y tan dividido. Son enviados a la misión para hacer fraternidad, tender puentes entre todos los que piensan, opinan y tienen distintas visiones, respetando esta riqueza, pero sin romper el tejido que nos une como hermanos, como sociedad y como nación.

Convenzámonos de que por el camino de la discordia y del enfrentamiento, no vamos a conseguir nada, sino solo por el camino de la unidad, de reconocernos y respetarnos como hermanos, y tendernos la mano.

Solo el amor de Dios manifestado en Cristo, del que nosotros somos testigos, proyectado en nuestra misión, puede hacer que unidos, busquemos el bien de todos.
A los que fueron ordenados se les presenta este mundo, para que asuman su misión y para que proyecten, identificados con Cristo, en su trabajo, el bien a la comunidad.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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