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Último adiós al maestro Víctor Manuel Amaral

Pablo Arturo Muñoz Valenzuela

Cuarto de Teología

            El jueves 9 de octubre se celebró en la capilla del Seminario Mayor de Señor San José, misa de cuerpo presente para encomendar el alma del maestro Víctor Manuel Amaral Ramírez, destacado músico y director de coros jalisciense, quien también fue maestro de la Schola Cantorum del Seminario Mayor de Guadalajara.

A la Celebración Eucarística, presidida por el padre José Guadalupe Miranda Martínez, vicerrector del Seminario, acudieron varias personas, entre ellos antiguos alumnos del maestro, y  sacerdotes, de los cuales algunos concelebraron y otros tomaron su lugar en el coro para interpretar la misa de Requiem de Lorenzo Perosi, obra muy conocida en los ambientes eclesiásticos de nuestra arquidiócesis y que seguramente habrá sido dirigida decenas de veces por el fallecido maestro.

            Durante la homilía, el padre Miranda Martínez afirmó que “el maestro perteneció a una generación privilegiada de músicos y maestros de nuestro estado y de nuestro país”, quienes se dedicaron a compartir su talento. Particularmente, el maestro Amaral se entregó con pasión y entrega a su profesión. En el caminar de su vida “fue dejando jirones” de sí mismo en su generosa labor. Por este mismo camino vamos todos –continuó el padre-, pero no caminamos sin rumbo. Esperamos un destino eterno junto a Dios y, precisamente esta Eucaristía era celebrada encomendando la pronta llegada del maestro a dicho destino

“Estamos cantando para Dios”

            El barítono Héctor López fue alumno del maestro en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara. En cuanto a su personalidad, recuerda la calidad humana del maestro, manifestada especialmente en su amabilidad y en su paciencia con los principiantes. Respecto al aspecto técnico del ejercicio de su desempeño como músico, destaca que, debido a su formación en Roma y a su especialización en canto litúrgico, el maestro Amaral tenía particulares dotes para lograr armonizar las distintas voces y tesituras en los coros.

            El Padre José Adrián Padilla fue uno de los concelebrantes en esta misa de exequias. Habiendo sido miembro de la Schola Cantorum en sus años de formación, recuerda al maestro Amaral como un hombre entregado y generoso en su labor como director del coro. Junto con esta actitud, el maestro no ocultaba a sus alumnos la exigencia propia del ministerio litúrgico en el cual estaban trabajando. “Estamos cantando para Dios”, les repetía.  El padre Diego Alejandro Gómez, también miembro de la Schola en sus años de Seminario, no coincidió con el maestro en sus años como director de la misma. Sin embargo, acudió a la concelebración eucarística de este jueves como un gesto de agradecimiento pues, como integrante del coro litúrgico, se vio beneficiado por el “legado” que, mediante su experta dirección, dejó el maestro. Más aún, en ocasiones, el profesor los visitaba para “darles ánimo”.

            Terminada la misa, el ataúd con los restos mortales del maestro permaneció algunos momentos a la entrada del nártex de la capilla, donde continuó recibiendo el último adiós y homenaje de los asistentes.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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