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Víctor Ulín

Un chófer, mientras protesta, sostiene una cartulina que sintetiza la exigencia de los miles de trabajadores del transporte federal que este 5 de febrero –y lo harían también el 15– pararon actividades en las carreteras del país: “no más muertos”.
“Tenemos que hacer esto (paro nacional) para que nos volteen a ver”, expresó otro chófer al reportero que recogía impresiones de los protagonistas de una manifestación muy poco común, pero que ha empezado a convertirse en una normalidad en un país donde la inseguridad y la violencia campean.
Perder un día a costa de sus ingresos para manifestarse, no se compara con lo que viven a diario en las carreteras: robos, vejaciones y asesinatos. “Nos toman como tiro al blanco”, dijo uno más de los trabajadores del volante que ya está cansado, como el resto de sus compañeros, de que ni el Presidente Andrés Manuel López Obrador ni menos la ostentosa Guardia Nacional hagan algo para proteger sus vidas.
Durante mucho tiempo, los transportistas vivieron en la discreción a pesar de que su trabajo es público y vital: usted y yo en casa, en nuestra mesa, cómodamente, disfrutamos de prácticamente todos los alimentos –y otras tantas cosas más– que mueven por las carreteras para entregarlos en los supermercados que nos los venden.
Los empezaron a matar para robarles las mercancías y no pasaban de ser sólo una nota para los medios de comunicación y para las estadísticas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Los muertos aumentaron y la pasividad e inconformidad de los transportistas se volvió rebelión. Una reacción de sobrevivencia frente a la frialdad de los que apunta de balazos los obligan a detener sus unidades para saquearlas y matarlos.

Juntos, desde la Alianza Mexicana de Organización de Transportistas (AMOTAC) comenzaron su cruzada para que el Gobierno Federal los proteja y mejore sus condiciones en las que trabajan.

PIDEN QUE LOS VOLTEEN A VER
En la lista de peticiones que llevaron a la mesa de la titular de Gobernación, Luisa María Alcalde, la prioridad es la seguridad para proteger sus vidas. Pero también demandan a la Secretaria de Comunicaciones y Transportes la prohibición de tracto camiones de doble remolque, actualización del registro vehicular, la reclasificación de carreteras para proteger la seguridad de los usuarios, el fin de las extorsiones de las autoridades con multas injustas y claridad en las tarifas que deben cubrir para poder trabajar.

Son miles. Sus paros de actividades en las carreteras de norte a sur y de sur a norte, dimensionan el grave problema de inseguridad que padecen y que el Presidente Andrés Manuel López Obrador politizó desde su mañanera en Palacio Nacional para justificar su inacción.
Los transportistas no se rinden. Están firmes en su lucha. La razón les asiste, aunque el Gobierno también los ataque.
Sólo piden paciencia y solidaridad a la gente afectada por sus paros.
Las largas filas de unidades en las carreteras del país durante los paros es la evidencia de su dolor y del último recurso que les queda para que el gobierno los proteja de la delincuencia organizada que tiene el control del país –es la realidad– y que no ha estado nunca dispuesta a cambiar las balas por los abrazos.

@arquimedios_gdl

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