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ALFREDO ARNOLD

¿Quién inició la Revolución Mexicana?, ¿fue la figura de Madero o el contenido del Plan de San Luis, fueron los hermanos Flores Magón, las huelgas de Cananea y de Río Blanco, la entrevista de Porfirio Díaz con el periodista Creelman, o fue el resultado de las elecciones de 1910?… Seguramente contaron todos esos factores y muchos más, pero lo que detonó el movimiento masivo fue, sin lugar a dudas, el revuelo que causó el libro escrito por Francisco Madero; fue la semilla sembrada en miles de mexicanos inconformes con el status quo, lo hondo que caló en la conciencia política al constatar que la caída de la dictadura era posible y que había un hombre que podía sustituir al general oaxaqueño.
“La Sucesión Presidencial en 1910” despertó a la dormida democracia, aunque también sacó de su letargo el apetito de poder de los rivales de Díaz.

Durante 35 años, Porfirio Díaz gobernó México prácticamente sin oposición. El país gozaba de orden y progreso –tal como decía el lema oficial—, una paz que no se conocía desde antes de la Independencia. Con una población mayoritariamente rural que no intervenía en asuntos políticos, los habitantes de las ciudades veían con agrado la realización de obras importantes como los ferrocarriles y el surgimiento de instituciones como los bancos, había paz social y una floreciente cultura con reminiscencias europeas.
Don Porfirio contaba con un Gabinete eficiente y la Policía Rural aseguraba la tranquilidad pública interna. Al exterior, el gobierno mexicano gozaba de prestigio y alentaba la llegada de inversionistas extranjeros.
Desde 1884 hasta 1911 no habían ocurrido pronunciamientos que pusieran en peligro la paz porfiriana, todo lo contrario de lo que sucedió durante la mayor parte del siglo XIX en el que México sufrió invasiones extranjeras y guerras internas que diezmaron la población, impidieron el progreso, saquearon las arcas nacionales y provocaron un terrible agotamiento social.
El Porfiriato no era el gobierno ideal, pero fue un tiempo en el que México alcanzó un gran desarrollo en múltiples manifestaciones de la vida. El propio Madero expresó el respeto y admiración que sentía por don Porfirio.
El general Porfirio Díaz Mori asumió la Presidencia de la República a la edad de 54 años, pero el paso inexorable de tiempo lo convirtió en un mandatario viejo, mayor de 80 años y eso ya no era aceptable para algunos políticos que comenzaron a filtrar la idea de tener elecciones libres y echarlo de Palacio Nacional.
Uno de aquellos inquietos políticos fue Francisco I. Madero, un joven nacido en Parras de la Fuente, Coahuila, perteneciente a una familia acomodada y educado en la Universidad de California. Había sufrido dos derrotas electorales en 1904 y 1906 cuando compitió por la presidencia municipal de San Pedro y la gubernatura de su estado, respectivamente.

El tema de las elecciones libres lo tenía obsesionado y vio la ocasión propicia en 1908, después de que don Porfirio dio una entrevista al periodista norteamericano James Creelman en la que afirmó que México ya estaba listo para la democracia y para que compitieran partidos de oposición.
En octubre de aquel 1908, Madero terminó de escribir el libro “La Sucesión Presidencial en 1910”, impreso en Parras, Coahuila, que fue el detonante de un movimiento que años más tarde y por causas ajenas a Díaz, quien ya estaba más allá del bien y el mal, exiliado en Francia, se convertiría en guerra civil. El libro circuló ampliamente en los grupos políticos a partir de 1909 y Madero se postuló como candidato presidencial. Aquellas elecciones fueron el último triunfo electoral de Porfirio Díaz, quien celebró con gran pompa el centenario de la Independencia sin imaginar que meses después iniciaría un viaje sin retorno.

En aquella época, la gente se mantenía informada por la lectura de periódicos y libros. Los periódicos tenían línea gobiernista y los escritores preferían abordar géneros suaves, por eso, cuando apareció el libro escrito por Madero, muchos se entusiasmaron y cayeron en cuenta que el gobierno de Díaz se había convertido en una larga dictadura.
Lo demás es historia conocida: Madero se postuló candidato para las elecciones de 1910, hizo una potente campaña a lo largo del país; perdió, alegó que hubo fraude y lanzó su Plan de San Luis en noviembre de ese año; don Porfirio renunció y se exilió en Francia; Francisco Madero ganó las nuevas elecciones (después de un interinato de León de la Barra) y asumió la presidencia, fue víctima de un golpe de estado y Victoriano Huerta se convirtió en presidente; Venustiano Carranza entró en defensa de la Constitución (de 1857) y al poco tiempo comenzó la guerra entre varias facciones que al principio parecían estar unidas, fue la terrible guerra civil que conocemos como Revolución Mexicana, oficialmente iniciada por Madero y continuada por Carranza, Francisco Villa, Emiliano Zapata, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, cada quien con sus propios ideales e intereses.

La Revolución Mexicana es considerada como la primera del siglo XX; la Revolución Rusa estalló siete años después, en 1917.

A continuación, publicamos un extracto del libro “La Sucesión Presidencial en 1910”, tomado de la Memoria Política de México, de Doralicia Carmona (se conserva la ortografía original): “La primera esperanza la perdí cuando se instituyó la Vice-Presidencia en la República, pues comprendí que aún desapareciendo el Gral. Díaz, no se verificaría ningún cambio, pues su sucesor sería nombrado por él mismo (…) Comprendí que no debíamos ya de esperar ningún cambio al desaparecer el Gral. Díaz, puesto que su sucesor, impuesto por él, seguiría su misma política, lo cual acarrearía grandes males para la patria (…) Comprendí que los que deseábamos un cambio en el sentido de que se respetara nuestra Constitución, y que ésta fuera un hecho, nada debíamos esperar de arriba y no debíamos confiar sino en nuestros propios esfuerzos (…) El problema se presentaba aun más difícil, pues claro se veía que el gobierno del Centro estaba resuelto á reprimir con mano de hierro y aun á ahogar en sangre cualquier movimiento democrático (…) Nos formamos el propósito de aprovechar la primera oportunidad que se presentara para unir nuestros esfuerzos á los de nuestros conciudadanos, á fin de principiar la lucha por la reconquista de nuestros derechos (…) Para dar principio a la campaña electoral, organizamos un Club político que denominamos ‘Club Democrático Benito Juárez’ (…)
En lo particular, estimo al Gral. Díaz, y no puedo menos de considerar con respeto al hombre que fue de los que más se distinguieron en la defensa del suelo patrio (…) Pero esa alta estimación, ese respeto, no me impedirán hablar alto y claro (…) Creo estimará más mi sinceridad, aunque juzgue duramente algunos de sus actos, que las serviles adulaciones que quizá ya lo tengan hastiado.
¿A dónde nos lleva el General Díaz? Desde luego, vemos que la tendencia manifiesta del General Díaz y del grupo que lo rodea, es perpetuar el sistema de poder absoluto y hasta se empieza á iniciar un movimiento en las altas esferas reflejado en la prensa gobiernista, para reformar la Constitución de modo de sancionar por la ley, el actual régimen de centralización…”

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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