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Hugo Gaucín

No, en el evangelio de san Mateo, Jesús enseña: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y mujer? […] ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 4-6) El uno es completo. Entonces, la participación del hombre y de la mujer del amor paternal y maternal de Dios ¿qué lugar ocupa? El culmen de aquello a lo que el ser humano está llamado a ser y sus relaciones humanas están manifiestas en Cristo. La comprensión del matrimonio antes de Cristo y en las distintas sociedades nos ayuda a entender que una pareja que vive junta y que en algún momento lleguen a tener hijos ya viven un matrimonio de tipo natural, ya son, como dice el Señor «una sola carne».

 Pero el Matrimonio sacramental, es imagen perfecta de la relación nueva entre Dios y los hombres, Jesús lo toma como referencia para hablar de la consumación plena del Reino de Dios, Él es el Novio, el Esposo, (Cf. Mt 9,14-15; Mc 2,18-19; Jn 3,28-29) y su Esposa es la Iglesia (Jn 3,29; 2Cor 11,2; Ef 5,21-33).

LA RELACIÓN CON LOS HIJOS, LO NECESARIO Y A CIERTA EDAD

Si el amor no se deja guiar por la razón puede convertirse en injusticia. En la vida matrimonial, la relación cambia cuando los hijos llegan a la vida, y esto es bueno, la presencia de los hijos hace madurar a las personas en un amor de entrega, verdadero camino de la realización humana.

No conviene nunca evadir los problemas matrimoniales con los de los hijos, preferir hablar de los hijos en lugar de la vida matrimonial, poner primero a los hijos antes que a la pareja, es un error muy grande, ya que tarde o temprano los hijos deben de salir a enfrentar su propia vida, libertad y consecuencias: «Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne» (Gn 2,24).

 Los hijos son un don de Dios y no un derecho de las parejas, por eso, animarlos a que busquen y realicen su libertad y voluntad para su felicidad es agradable Dios, incluso si deben de partir de casa. Lo único central en el matrimonio cristiano es el esposo y la esposa.¿

FAMILIA Y FAMILIARES

En el momento que los hijos dejan el “nido” y unen su vida a alguien, incluso si no es en matrimonio sacramental, la familia deja de serlo hasta ese momento, en adelante son familiares, porque la familia se convierte automáticamente el hombre o la mujer con la que decide cada quien quedarse. No es matrimonio de familias, «una sola cosa», no puede nadie en matrimonio natural, ni mucho menos sacramental superponer a los familiares o los propios hijos sobre la pareja, no está bien.

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