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Un paso más…

Juan Jesús Espinosa Pascoe

1ero de teología

28/08/2022

¡Cómo ha pasado el tiempo! Era el año de 2019 cuando llegaba a la casa del Seminario Mayor para iniciar con mis estudios filosóficos. Aún recuerdo que, por un lado, me sentía nervioso por empezar una nueva etapa en un nuevo lugar, y por otro, me carcomía la emoción de continuar por este camino, pues siempre he pensado que Dios no deja de sorprendernos. Hoy, tres años después, he terminado de estudiar la filosofía, y he sentido otra vez ese nerviosismo y entusiasmo por lo que significa dar un paso más, ahora a la etapa de la teología. Siendo sincero, aunque me encuentro seguro de que Dios me está llamando, no puedo evitar sentir algo de miedo ante el hecho de que cada día estoy más cerca del momento en que me consagraré como Sacerdote. Supongo que se trata de un miedo bastante natural, quiero imaginar que los novios antes de casarse sienten algo similar. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Cómo lograr seguir caminando sin titubear?, ¿cómo asimilar el cambio a un nuevo período de mi formación?, ¿qué conlleva dar el paso de la filosofía a la teología?

Afortunadamente, el Seminario me ha ofrecido un momento oportuno para pensar en todo esto y volverme más consciente de lo que implica esta etapa que estoy por comenzar. Estoy hablando del llamado “curso propedéutico”. Ordinariamente, durante el mes de julio somos enviados a distintas comunidades parroquiales para compartir una experiencia de misión.

CURSO PROPEDEUTICO PARA LA FORMACIÓN

El curso propedéutico es, sin duda, una ocasión importante y única en el proceso de formación que tenemos en el Seminario, pues la etapa teológica, también llamada “configuradora”, es el tiempo adecuado para que nosotros, futuros Sacerdotes, tomemos la “forma” de Cristo, nos configuremos con Aquél que nos llamó, y así seamos figura de Jesús, Buen Pastor. Entre las cosas más importantes que hemos reflexionado en el curso están los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia. Ciertamente, nosotros como diocesanos, no realizamos votos como lo hacen los integrantes de las congregaciones religiosas, no obstante, estamos llamados también a vivir estas virtudes en nuestras vidas, tal como lo hizo Jesús.

En fin, este curso ha sido para mí una oportunidad para reafirmar mi “sí” al llamado de Dios, para confiar en Jesús, aunque me aterre un poco el futuro y, especialmente, para darme cuenta de que no camino solo. En mi grupo somos 42 los muchachos que estamos dando este nuevo paso, y tras varios años de compartir la vida con ellos, todos se han convertido en mis hermanos. Considero que una de las cosas más bellas de la vocación es la fraternidad, las amistades profundas y duraderas que se fraguan en el Seminario.

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