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Eremitorio de San Máximo

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El Centro Diocesano de Experiencia de Desierto San Máximo Confesor es un eremitorio, que en su definición más simple es el lugar en donde viven los ermitaños. Para quienes buscan silencio y soledad, la Arquidiócesis de Guadalajara ofrece una alternativa, al menos temporal, para experimentar
estas herramientas de encuentro con Dios.
“Lo que ofrecemos es la búsqueda de Dios a través del silencio y la soledad en oración”, define el señor Cura José Cruz Gámez, uno de los siete Sacerdotes que, en Guadalajara, se han dado a la tarea de fundar este proyecto.

“El espacio fue creado para toda persona que tenga el deseo de encontrarse
con Jesucristo –añade el Padre Rodolfo Salas Caparrós, otro de los Padres iniciadores–. No está limitado a los bautizados católicos necesariamente, sino que está abierto a toda persona de buena voluntad que tenga este deseo de encontrarse con Jesucristo”.

ESTÁ ABIERTO PARA TODOS
Aunque en un principio se había pensado como un espacio exclusivo para varones, ante la necesidad espiritual de las féminas, también se ha abierto para mujeres, por lo que pueden asistir hombres, mujeres, Sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que tengan el deseo de experimentar la soledad, el silencio y la oración; eso sí, deben ser mayores de edad.
No es en el sentido más estricto un eremitorio, pues no vive un solo ermitaño, pero sí cumple las condiciones de las comunidades Lauras, que son una especie de colonia de celdas o habitaciones para los eremitas; es decir, son un conjunto de casitas separadas, que cuentan con una cama cómoda y muebles dignos, y con una capilla común.
Así lo explica el Padre Javier Magdaleno Cueva, Secretario Canciller de la
Arquidiócesis, quien también es impulsor de este proyecto y aclara que quienes lo integran no son ermitaños consagrados por la diócesis, son simplemente Sacerdotes con esta necesidad de encuentro con Cristo en una
forma particular.

“Surge de la necesidad que cada uno de nosotros. Los Padres sentíamos la necesidad de, como Presbíteros, buscar una intimidad con Jesucristo en nuestra vida, en un espacio que nos ayudara a estar en la soledad y en el silencio, y que a su vez, su construcción nos trajera a la mente la memoria de Cristo Resucitado”, indicó el Padre Magdaleno.

ABRIR EL OÍDO Y TODOS LOS SENTIDOS A DIOS
“Y es que vivimos en una sociedad que cada vez más pareciera que carece del sentido propio del silencio, al que no se le da valor como un proceso positivo para encontrarse con Dios”, así lo refiere el Sr. Cura Juan José Leal.

“Silencio y oración son dos de las cosas que buscamos en el eremitorio.
No es el silencio en sí mismo, sino el silencio para encontrarnos con Cristo;
no es la soledad únicamente como apartarnos de, sino para volver a encontrarnos con el Señor en una unión íntima”, y añade que otra de las experiencias que se pueden vivir en el eremitorio es la del trabajo, pues el
esfuerzo físico también hace parte del crecimiento espiritual.

POCO A POCO SE VA CONCRETIZANDO
“Ésta es una experiencia que está naciendo. No somos una escuela de espiritualidad, ni una congregación, ni un proyecto de fundación –asegura el Padre Javier Magdaleno–. Somos Presbíteros convencidos, por el bien que nos hace en nuestra vida y lo que vemos en la vida de algunos hermanos laicos, que el silencio y la soledad son herramientas indispensables para el cristiano, aún en el día a día”.
Aunque la construcción comenzó hace nueve años aproximadamente, hace apenas dos que entró en funciones. El espacio está rumbo a San Cristóbal
de la Barranca, aproximadamente hora y media de Guadalajara. “Es un
lugar en la naturaleza, es el contacto con la creación y el cuidado de la misma creación, lo cual ayuda bastante”, señala el Padre Gámez.
“El Señor ha ido construyendo el espacio. Es una experiencia hermosa
de Dios”, añade el Padre Rodolfo Salas Caparrós.

LA SOLEDAD ES UN TEMA QUE HAY QUE MANEJAR CON CUIDADO
Actualmente, el eremitorio cuenta con 12 casitas terminadas y dos capillas.
La experiencia actual que viven los visitantes es de cinco días, de lunes
a viernes, pero la permanencia depende de las necesidades de la persona. Es decir, después de esos primeros cinco días, si la persona desea regresar, puede vivir otros cinco días de desierto. Una vez vivida esta experiencia inicial en tres ocasiones, la persona podrá ser recibida por el tiempo que deseé. “A partir de las tres semanas, el tiempo que ellos deseen pasar: pueden ser dos o tres meses, un año; pero ahora apenas vamos en una primera fase”, asegura el Padre Magdaleno.
“Se debe tener cuidado porque la soledad también puede representar
ciertos peligros como el de creerse uno mejor, de engañarse en el propio interior, perder la razón o incluso de hacerse daño uno mismo”.
Los Sacerdotes indicaron que durante el proceso que no es un retiro espiritual, ni ejercicios, ellos ofrecen un horario guía a los asistentes
y cada quien vive la experiencia en soledad y de manera única con Dios. Para los Sacerdotes del eremitorio, la visita de quienes son llamados a vivir la experiencia es una enseñanza que les ayuda a nutrir su propia espiritualidad.

Cristo te invita
En Cuaresma y Pascua se abre la invitación a vivir la experiencia del eremitorio. La primera para varones, del 21 al 25 de marzo y en Pascua para mujeres, del 25 al 29 de abril.
Para poder asistir es necesaria una entrevista previa con los Sacerdotes encargados.
El costo de recuperación es de 2 mil pesos por persona, con hospedaje y alimentación.
Informes al WhatsApp (solo mensajes): 33-10-26-77-69. Se pide a las personas que soliciten información que envíen algunos datos personales como su nombre, ocupación, cómo supieron del eremitorio y qué les
motiva a querer experimentar la estancia en él. Se pide envíen datos adicionales de padecimientos alergias o indisposiciones a alimentos o medicamentos.
Cabe mencionar que en el lugar no hay señal de celular, por lo que los asistentes permanecerán en cierta forma aislados.

Propuestas del eremitorio para ejercer un servicio a la comunidad diocesana

  1. Soledad y silencio.
  2. Escucha y unión con el Señor a través de su Palabra.
  3. Descubrir a la Iglesia como cuerpo de Cristo (con sus dos pulmones, la Iglesia de Oriente y la de Occidente).
  4. Experiencia de encuentro con Jesucristo (piedad).
  5. Recuperación de la ascesis y del aspecto penitencial (como liberación y no como opresión).
  6. Encontrar en la Virgen María un modelo de la Iglesia (ligada a Israel).
  7. Experiencia gradual a nivel personal, inicialmente, y luego diocesano (que no sea una experiencia de ensimismamiento, sino de comunión con la Iglesia).
  8. Experiencia de trabajo físico (el cuerpo como parte de la alabanza al Señor).

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1 comment

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Apolinar Rivera Aguilar marzo 18, 2022 - 2:54 am

Gracias por crear un espacio de silencio y recogimiento, es muy importante porque cubre necesidades muy esenciales en los fieles.
Gracias

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