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Luis Sánchez

Es común leer las diversas críticas que se hacen a las generaciones actuales de jóvenes respecto a su indiferencia a la vida, la falta de aspiración a superarse a sí mismos, la mediocridad en la búsqueda de sus objetivos, la comodidad para vivir en su contexto particular, generalmente inspiradas en las condiciones sociales actuales en las que se ven inmiscuidos, como el desempleo, la educación trunca o la falta de vivienda.
Para generar estas críticas de manera mejor fundamentada, deberíamos partir de la realidad social a la que nos enfrentamos como ciudadanos y personas. En ese sentido, con este escrito, encaminado a la reflexión, pero sustentado sobre una opinión que parte del análisis, retomo el problema de vivienda para dejar en claro que hay situaciones que escapan de nuestras manos, y donde difícilmente se pueden lograr cambios y resultados porque hay factores externos que escapan del rango de acción de una persona, en este caso los jóvenes.

Cuando se habla de falta de vivienda asequible en el país, debe quedar claro que es una problemática con consecuencias sociales que impactan a los diversos sectores de la sociedad, derivando en gente sin un espacio donde vivir y dormir, o en el caso de que sí lo tengan, probablemente éste no cuente con las condiciones suficientes para ser considerado como “digno”.

Estos problemas, con soluciones que requieren diversos actores y niveles tanto del sector gubernamental, como del ciudadano y privado, se ve reflejado fuertemente en el grupo de los jóvenes, pues es visible que, con el paso de los años, la cantidad de jóvenes que se independizan ha disminuido, principalmente debido a factores que no están en sus manos, como el aumento constante en la renta de viviendas, la falta de políticas sociales que posibiliten el acceso a una vivienda digna, y las condiciones económicas, que siguen siendo insuficientes para acceder a una casa.

De lo anterior resulta entendible que, por un lado, los jóvenes no pueden acceder a una casa por la desaceleración respecto a sus ingresos, pero donde existe otra tendencia que abona a esto: la vivienda se ha vuelto cada vez menos asequible, dejando de serlo únicamente para los sectores de más bajos ingresos, y ahora presentándose como un panorama nada alentador hacia otros grupos sociales.

Entendamos el contexto en el que han crecido las recientes generaciones, para darnos cuenta que las dificultades por las que atraviesan los jóvenes podrían ser una causa real del por qué sus objetivos han dejado de ser ambiciosos, del por qué tienen pocas aspiraciones y están desmotivados.

Es cuestión de empatía y de acciones concretas que se encaminan a dar respuestas, a resolver factores externos que impiden las mejoras en la calidad de vida de los grupos vulnerables. Aún estamos a tiempo.

Nos leemos la siguiente semana y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

@arquimedios_gdl

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