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A 27 Años del Magnicidio del Cardenal Posadas Ocampo, la herida y el expediente siguen abiertos.

Román Ramírez Carrillo

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) sobre el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo, señala: “Confiamos que la investigación, que sigue abierta, algún día se esclarezca, para que podamos seguir construyendo caminos para un México más justo y fraterno”. Para la comunidad católica de Guadalajara,  fue un “crimen de Estado” y constituye un monumento a la impunidad en la historia de los asuntos penales y criminales de México.

El ex Secretario General de Gobierno del Estado de Jalisco, quien es uno de los defensores de la tesis del crimen de estado, Fernando Guzmán Pérez Peláez, señala que “seguimos sin sentenciados, seguimos con una hipótesis que no se puede acreditar, la de la confusión, y con más de 100 expedientes guardados en la Procuraduría General de la República, que no han sido consignados al juez penal.”

En los testimonios que no han sido considerados, hay uno de un amigo de la infancia del Cardenal, que lo vio el 6 de mayo, hace 27 años, 14 días antes del crimen, y el Cardenal le dice que fue a una reunión a Los Pinos a quejarse de la protección de los cárteles del narcotráfico y de la prostitución, y que de ahí fue sacado violentamente por José Córdoba Montoya, un hombre de toda la capacidad y decisión política en el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari.

Lo que la historia recoge

En el año de 2010, se presentó el libro “Los Chacales”, que relata la historia del brutal asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido la tarde del 24 de mayo de 1993 en el Aeropuerto de Guadalajara (México).

El texto escrito por Jesús Becerra Pedrote, es el resultado de un análisis minucioso basado en las declaraciones recogidas durante las investigaciones del asesinato por el Ministerio Público y recopiladas en un dossier de la Procuraduría mexicana.

A continuación, presentamos algunos extractos del capítulo La Ofensa:

La narración relata que el Cardenal Posadas llegó a Los Pinos minutos antes de la comida. La conversación versaba sobre las relaciones de México con Estados Unidos.

Uno de los comensales miró fijamente al Cardenal y bajó la voz. – Su trabajo va a ser muy importante –inclinó el cuerpo para hacerse escuchar – ¡Posadas lo necesitamos!

–Diga usted. ¿De qué se trata?

–Mire usted, el fenómeno del narcotráfico es como un río caudaloso y nada ni nadie lo puede parar de manera frontal. Necesitamos darle cauce. Necesitamos decir por dónde debe avanzar. Debemos procurar que provoque el menor daño. ¿Me entiende? (…)

El Cardenal prefirió no articular palabra, sólo pidió a Dios, luces.

–Cardenal, la Iglesia ha estado insistiendo, digamos, alborotando al pueblo. Nos parece que no se deben denunciar algunos asuntos, sin atender a estos principios de responsabilidad– continuó con solemnidad.

–Mire, Cardenal, le pedimos que interceda en esta materia, que hable con los otros Obispos para que no estén declarando, porque aún cuando tengan en algunas cosas razón, no lo están haciendo con estrategia y sólo están causando escándalo y alarma en la población. Les pedimos que no entorpezcan en esta Operación de Estado, que no hablen de manera imprudente.

El Cardenal Posadas tomó aire discretamente antes de hablar.

–Miren, desde luego estoy de acuerdo que cuando habla uno, debe de ser prudente. Se necesita tener información suficiente y buscar que las palabras tengan un objetivo claro. En el tema del narcotráfico, la Iglesia no puede callarse. El daño a las personas y a las familias es brutal. Es un mal que debemos denunciar con todas las fuerzas. Pienso que es el momento de actuar. Si no, el día de mañana va a resultar atroz y con un daño tremendo al pueblo, y sin control.

–Cardenal – empezó a hablar otro político– sabemos que el trabajo en común debe generar, incluso, beneficios para su trabajo. En esta colaboración usted debe salir ganando. Recursos  económicos para el impulso a sus pastorales. ¿Entiende?

 –Señores, me parece que se equivocan. Yo no voy a dejar de denunciar el problema del narcotráfico y tampoco voy a buscar que los Obispos se callen.

Uno de ellos había guardado silencio, como era su costumbre. No dejaba escapar ningún gesto, se le quedó mirando. El Cardenal sabía que los ojos son la ventana del alma, y lo que miró en esos ojos lo estremeció.

–Señores, todos sabemos que muchos políticos importantes están haciendo negocio de narcotráfico y eso no lo debemos permitir. La Iglesia no lo va a permitir.

–¡Imbécil! – Le gritó uno, que en ese  momento se puso de pie, destacando su nariz aguileña, lo ojeroso y el rostro cacarizo que mostraba odio–. ¿No te das cuenta a quiénes les hablas? ¿A quién crees que amenazas idiota? ¡Lárgate! –y en ese momento descargó sobre Posadas una bofetada luego lo amagó, lo llevó a la puerta y de un empujón lo sacó–.

Al salir, le pidió al sacerdote (que lo acompañaba) que lo llevara al centro de la ciudad. Llegaron a Madero, a la altura del Sanborns de los azulejos.

(…) Entró al templo de San Francisco. Allí se sintió confortado. Se postró ante el Santísimo Sacramento; elevó algunas plegarias, buscó a un franciscano en quién confiaba, platicó con él y luego pidió el sacramento de la confesión. Al salir lo embargó la paz que necesitaba.

Tags: 27 años

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1 comment

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Edmundo Pacheco. mayo 25, 2020 - 6:15 pm

Esto fue un crimen perpetrado y organizado por el gobierno de salinas y q evidencia la complicidad del gobierno federal q esta involucrado en todos los niveles y del q todos reciben beneficios .no puede erradicar el cáncer q ha corrompido a todas las instancias.SOLO S E LOGRARA UN CAMBIO CUANDO EXISTA UNA VOLUNTAD EN EL GOBIERNO .

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