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Luis Sánchez

El fin de semana pasado, Morena, el partido en el poder, tuvo su Tercer Congreso Nacional, en el que se
renovaron algunos puestos dentro de sus distintos comités, además de redefinir sus estatutos como partido político, en los cuales se establece como un partido de izquierda y antineoliberal.
Sin embargo, en distintos medios de comunicación, ha circulado la versión de que Morena dejaría de ser un partido de izquierda y que ahora, dada la forma de ejercer el poder como partido de Estado, se erigiría como centro izquierda, generando una dinámica similar a la que vimos con el Revolucionario Institucional en el poder. Esta teoría no suena descabellada, dado el poder que tiene actualmente en el Congreso, Senado, algunos congresos locales y gobernando más de 20 Estados en todo el país; empero la situación hoy es muy diferente y existe, por fortuna, un balance de pesos y contrapesos, que no han permitido el control total de las instituciones, como sí lo llegó a tener el PRI.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), desde sus orígenes, y producto de una revolución que aglutinó a las clases campesinas y obreras, se definió a sí mismo como una opción política de centro
izquierda; sin embargo, esto de izquierda quedó rápidamente institucionalizado y el partido
que duró más de 70 años en el poder se dedicó a administrar el país, bajo los preceptos, reglas e instituciones que ellos mismos crearon. Dentro de esta lógica de opción única y un evidente favoritismo a la clase política que estaba en los altos mandos y sus círculos cercanos, nace una opción política a finales de 1930, que se identificaba más con la corriente conservadora, y al estar ligado a las ideas de la democracia cristiana, podríamos encuadrar en el concepto de “derecha”, el Partido Acción Nacional.

El PAN, en su momento, comenzó con una profunda convicción de ser oposición al partido hegemónico; consolidando espacios más diversos, políticamente hablando, y siendo eje en el proceso de democratización que vivió México durante finales del siglo pasado. Si bien, en el 2000, Acción Nacional
representó un tanque de oxígeno de esperanza para una nueva opción política en el poder, en 12 años se desdibujó, teniendo un declive y pasando a ser tercera fuerza política a nivel nacional.

Sobre el PRD, podemos decir que en su momento se planteó como una opción de izquierda, en sus orígenes con Cuauthémoc Cárdenas y toda la lucha democrática que se generó posterior a las elecciones de 1988, donde el sistema de conteo de votos “se cayó” y terminó dándole la ventaja al candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari.
El PRD de esos años se presentó a sí mismo como una opción integrada por distintos movimientos de izquierda que buscaban dar representatividad a todas esas voces que no cabían dentro del PRI, ni el PAN. Tuvo momentos importantes como los triunfos en el Distrito Federal, siendo la capital del país un
bastión importante para que el movimiento creciera, al grado de catapultar a López Obrador para la presidencia del 2006, que perdería contra Felipe Calderón del PAN. Tomando eso como referencia, vemos que hoy está muy alejado de aquel partido, que en su momento dio cabida a demandas sociales de los sectores más vulnerables; aún lo hace, pero la ambición de sus líderes lo ha llevado a ser un partido satélite más, para muestra la alianza que tuvieron con PAN y PRI, y que acaba de romperse recientemente.

Al no estar dentro de ninguna alianza partidista y afirmar que van solos; Movimiento Ciudadano puede buscar representar el papel de tercera vía, ya que existen algunas figuras interesantes dentro de sus filas; sin embargo, es un proyecto de mediano y largo plazo, que tiene que comenzar a consolidarse desde ya. Ante este bipartidismo, MC puede acoger al electorado que se identifica con el centro, la derecha y un ala de izquierda más moderada, que no está 100% a favor del proyecto morenista, pero que a la vez busca hacer política diferente. Esto último lo ha entendido el partido naranja en algunos Estados y ha dado paso a figuras emanadas de la sociedad civil, el activismo o la academia para ser parte de los representantes populares o funcionarios de gobiernos, generando una dinámica de pesos y contrapesos interesante.

Si se quiere ser una tercera vía, se debe trabajar en no cometer los mismos errores que la derecha y
la izquierda han tenido ante la falta de autocrítica y la reserva de escuchar opiniones diversas. Ya
veremos qué nos deparan estos dos años que restan y cómo se siguen moviendo las fichas en este 2022.

Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

@arquimedios_gdl

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