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Juan López Vergara

El santo Evangelio que la madre Iglesia nos recuerda hoy, que celebramos la festividad de Pentecostés, que el Señor resucitado, comunica a la comunidad de sus discípulos el Espíritu Santo. Nos encontramos en el tiempo de la acción del Espíritu, que impulsa nuestra misión, la cual tiene como fin transmitir al mundo entero la paz y la reconciliación lograda por Jesús (Jn 20, 19-23).

LA PAZ DEL RESUCITADO NOS PERMITE SUPERAR EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ
La ausencia del Maestro provocó en los suyos gran temor. Estaban con las puertas cerradas cuando “se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz esté con ustedes’” (v. 19). Nada detiene al Señor de la Vida. San Juan resalta la identidad entre el Crucificado y el Resucitado, “les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría” (v. 20). Las heridas de Jesús se convierten en sus señas de identidad.
Al ver al Señor los discípulos reafirmaron su fe y su alegría, y él les obsequió la paz que permite superar el escándalo de la cruz.

EL PERDÓN ES UN ASPECTO DECISIVO
Jesús reiteró la paz a sus discípulos, confiriéndoles el don del Espíritu y la capacidad de perdonar los pecados:

“‘La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo’. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar’” (vv. 21-23).

Cristo resucitado obsequia el Espíritu que efectúa una recreación de la comunidad. Lo mismo que Dios infundió el espíritu de vida en el primer hombre (véase Gn 2, 7), así infunde hoy Jesús el Espíritu a sus discípulos recreándolos con vistas a su misión, que consiste en despertar en los demás esa misma vida.
San Juan califica el perdón de los pecados como un aspecto decisivo de la Pascua. Nuestra Madre y Maestra: la Iglesia, ha visto en estas palabras de Jesús el fundamento para poder perdonar los pecados por el sacramento de la penitencia. La Iglesia se constituye en mensajera del perdón.

EL ESPÍRITU ES EL PROTAGONISTA DE LA MISIÓN
Ser discípulo implica una responsabilidad: prolongar la presencia de Jesús en el mundo a través de su Espíritu, pero siempre con la certeza de que “el Espíritu es el protagonista de la misión” (Juan Pablo II, Redemptoris missio, 30).

Apreciable lectores, para actualizar el santo Evangelio del día de hoy, que celebramos la fiesta de Pentecostés, los exhorto a tomar conciencia que vivimos en el tiempo de la acción del Espíritu, que nos permite, más allá de la Pascua, entrar en comunión con Jesús, reconociendo a Dios como Padre y gustando así de una vida nueva y armoniosa (véase Ga 5, 22).

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