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Hay accidentes o muertes repentinas que no se pueden prever, pero bajo la circunstancia que sea,
todos debemos saber que lo único seguro que tenemos es la muerte, por lo que, dentro de lo posible,
debemos estar preparados.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Enfrentar la muerte de un ser querido no es fácil, bajo ninguna circunstancia. El desprendimiento duele, ya sea que hayamos tenido una relación muy cercana, o puede ser doloroso también porque estuvimos distanciados y la partida nos interpela.
Cuando tenemos un enfermo en casa o en el hospital, cuyo deceso es inminente, pareciera que el mundo se nos viene encima, pues hay que afrontar muchas realidades: la cuestión física, psicológica, emocional, social, espiritual; hacer la tramitología, e incluso enfrentar la dificultad económica si no hemos sido previsores, y cada uno de estos factores tendrá que encontrar su punto resolutivo.

Como familiares, nosotros conocemos en qué etapa se encuentra nuestro paciente. Cuando se trata de un adulto mayor con un padecimiento crónico degenerativo, nos da la oportunidad de prepararnos para la muerte. “Hay que dar gracias a Dios que nos da la oportunidad y que no es una muerte repentina, que son más dramáticas, más drásticas y más difíciles de superar emocional y espiritualmente”, señala la
religiosa y médico paliativista Susana Lua Nava, directora de Juntos Contra el Dolor, unidad de cuidados paliativos, que en 10 años de existencia ha atendido alrededor de 10 mil pacientes.

LO PRIMERO, BUSCAR UNA RED DE APOYO
“Cuando conoces que la condición de tu ser querido es irreversible, debes rodearte de un equipo interdisciplinar para tu preparación emocional como espiritual, pero también para brindarle
a tu paciente una mejor calidad de vida.
“Hay que conocer su diagnóstico y enfermedad, primeramente. Lo deseable es que el médico reúna a la familia y les hable sobre el diagnóstico de su ser querido y les plantee los posibles escenarios, y capacitar a la familia de cómo actuar ante una emergencia.
“Dentro de los cuidados paliativos atendemos, no solo la parte física y médica, sino el compromiso moral y social e incluso hasta el aspecto legal, si tiene problemas de testamento, por ejemplo”.

HACER SABER NUESTROS DESEOS Y DECISIONES
“Es importante tener un testamento vital (ortotanasia) para tener una muerte recta. Esto significa ayudar a la persona a discernir si quiere determinados procedimientos o no, por ejemplo, la intubación o ingresar a una terapia intensiva. Si el médico ayuda a aclarar esta situación, junto con la familia, el enfermo puede tener una perfecta claridad y decir “esto no”. Hay que ayudarle al paciente a conocer cuál es su decisión
ante un probable accidente, ante un posible coma, ante el riesgo de una cirugía, es decir, ante cualquier patología que ponga en alto riesgo la vida de la persona.
“A la familia hay que hacerle ver la posibilidad de contar con un servicio funerario, pues el contratarlo al momento de necesitarlo es siempre más caro y desgastante. Lo mejor es la prevención. Además se puede pensar más fríamente y tomar acuerdos entre familia, sin cargar el gasto a una sola persona. Es importante actuar con tiempo para evitar endeudamientos, por una parte, y conflictos y división familiares, por otra.
“Cuando las personas cuentan ya con este tipo de servicios, basta una sola llamada. Además, al tomar acuerdos de cuidado, administrativos (de gastos) y el reunirnos con anticipación, prevemos situaciones emocionales y espirituales, y eso es importante”.
ENTREGARNOS CON AMOR
“Desgastarnos, cansarnos, desvelarnos cuidando al paciente, resulta pesado y hasta hartante, pero después esa va a ser la mayor satisfacción. Cuando la persona fallece, según estudios, la persona que más se desgastó es quien menos riesgo tiene de sufrir un duelo patológico, es decir, es la que menos se
va a deprimir después. Nos queda la satisfacción de haber dado todo y lo mejor por nuestro ser querido para evitar situaciones más gravosas por culpas o negatividad.
Cuando ya no hay nada que hacer, cuando el paciente ya no come, duerme demasiado o cambia su ciclo de sueño, está postrado y su llama se va apagando, es importante tener la asesoría de un médico, aseguró la Dra. Susana Lua. Y es que, cuando la muerte llega, se debe conseguir quién extienda el
acta de defunción. Si el paciente muere en una institución, ahí se extiende el certificado, pero si muere en su domicilio hay que buscar quien lo elabore, y como en todo, hay quienes buscan lucrar con la ignorancia y dolor ajenos y suelen vender estos documentos a altos costos y más si es servicio nocturno”.
ESTAR BIEN INFORMADOS
“Hay quienes los envían a SEMEFO y es un ‘rollo’. Quien tenga un centro de salud cercano, o incluso su clínica del seguro, pueden acudir a ellos. El acta de defunción es un trámite totalmente gratuito”, enfatizó la Dra. Lua. “Para hacer el acta de defunción, se les pide a las personas que tengan a la mano el acta de nacimiento, pues los datos deben corresponder en las dos actas, y en documentos oficiales como
el INE en ocasiones hay fallas, por eso se debe tener el acta. Deben coincidir el nombre exacto, la fecha de nacimiento y el estado civil. Hay que tener los datos precisos del domicilio, también. A veces evitamos hacer este tipo de cosas porque no aceptamos que la situación ya es irreversible y que solamente un
milagro puede sacar de tal condición a nuestro paciente”.
LOS QUE NOS QUEDAMOS
“Después del fallecimiento viene el luto. Desde el novenario comienza a elaborarse este duelo. Quienes estuvieron ahí, contarán con satisfacción lo que hicieron, pero quienes no se inmiscuyeron, ‘aguas’, porque con el tiempo la persona puede sufrir un duelo patológico.

“Cuando las personas son acompañadas por cuidados paliativos, raramente se dan los duelos patológicos. Quien nunca estuvo ahí suele tener más crisis psicológicas y espirituales.
“Para enfrentar el duelo, es importante la velación. Aunque hoy la razón de la velación no es médica, es una excelente herramienta terapéutica y espiritual para vivenciar la situación de la pérdida. Entre más lo tienes consciente, te desgastas, lo lloras, es una catarsis en la que la persona expresa su dolor y
eso es sanador”.
Cuando la persona muere repentinamente sus familiares y seres queridos entran en shock, quedan fuera de sí, por eso es importante vivir un funeral que les reafirme la situación de la pérdida.
DIOS NOS MANDA ACOMPAÑANTES
“El novenario es otra forma de irnos preparando para vivir la ausencia. Durante esos días, los dolientes están acompañados: estamos en oración, nos sentimos acogidos, apapachados por los vecinos, por la familia; humanamente no estamos solos. Dios ha puesto personas que reconocen y acompañan
tu dolor, pero después viene la verdadera soledad, por eso es importante afrontarlo desde antes, cuando todavía tienes la posibilidad de cerrar situaciones, de decir perdóname o te perdono; situaciones que con la pandemia no se nos permitían, y por eso hay tanto duelo patológico.
“Dice una frase: ‘Para vivir bienaventurado a morir hay que aprender, y para morir bienaventurado a vivir
hay que aprender’. Si queremos vivir bien, tenemos que aprender a morir en las cosas pequeñas todos los días, pero si queremos morir bien, también tenemos que demostrarlo en nuestra forma de vida”.

“COMPRAR UN SERVICIO FUNERARIO ATRAE LA MUERTE”
Este es un pensamiento supersticioso que va en contra del primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas, y que solo nos acarreará problemas y mayores gastos a la hora de nuestra propia muerte o la de un ser querido. Actualmente, un servicio económico cuesta entre 6 mil 500 y 22 mil pesos. Mientras que uno costoso supera los 40 mil pesos.

“NO HAY QUE HABLAR DE LA MUERTE PARA NO LLAMARLA”
Falso. Es mejor que, sin obsesionarnos, como familia platiquemos sobre
esta realidad inminente y que conozcamos los deseos respecto a procedimientos médicos, legales y familiares que pudieran darse en nuestro momento final.

¿QUÉ HACER PASO A PASO ANTES DE QUE LA PERSONA FALLEZCA?
• En caso de una enfermedad crónica, lo primero es conocer el estado de salud de la persona y buscar que esté bien atendida. Llegar a acuerdos con la familia sobre quienes le cuidarán y solventarán los gastos.
• Platicar con la persona sobre su voluntad respecto a posibles procedimientos médicos y sus deseos para
después de fallecer.
• Acercarse a un equipo médico para que nos capacite sobre los cuidados médicos, de higiene, alimentación y ejercicio que debe tener nuestro paciente. • Poner en orden en el aspecto espiritual, las relaciones familiares, papeles importantes, aspectos legales (testamento) y contar con servicios funerarios.
• Buscar un Sacerdote que administre la unción de los enfermos.
• Cuando el final se acerque, reunirse en familia, despedirse y hacer una oración de cierre.
• Acercarse a un médico que pueda extender el certificado de defunción en el momento en que se requiera.
• Tener a la mano documentos como identificación y acta de nacimiento de la persona.

CUANDO LA PERSONA FALLECE
• Llamar a la agencia funeraria. Entregar los documentos necesarios como el acta de defunción, copia de
identificación, contrato del servicio y demás papeles que nos soliciten.
• Rezar y acompañar a nuestro ser querido fallecido.
• Acompañarle durante la velación.
• Conseguir un templo y Sacerdote para la Misa exequial (este servicio no tiene costo).
• Darle cristiana sepultura o esperar la cremación y determinar en qué lugar reposarán sus restos, tomando en cuenta que debe ser un lugar propicio como la cripta en el panteón o en un templo, según recomienda la Iglesia, no en nuestra casa ni esparcidas en la naturaleza.

DESPUÉS DE QUE FALLECIÓ
• Vivir los rituales del duelo. Triduo y/o novenario. Dejar que familiares, vecinos y amigos nos acompañen en el inicio de este proceso puede ser sanador.
• Experimentar, reconocer y aceptar nuestras emociones y saber que, aunque el amor permanece, el dolor es pasajero.
• Vivir nuestro duelo con paciencia y de ser necesario, buscar ayuda.
• Continuar con nuestra vida. Es el mejor homenaje que le podemos rendir a nuestros seres queridos.

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