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Hospitales: escuela del dolor y universidad del amor

Pbro. Francisco Javier Huerta Orozco

Tomasita con el Padre Francisco Huerta Orozco.

“Cuidar al enfermo significa cuidar sus relaciones, con Dios, con los demás, familiares, amigos, personal sanitario, consigo mismo… Hemos sido hechos para el amor, estamos llamados a la comunión y a la fraternidad”.

(extracto del mensaje del Papa Francisco)

La salud es armonía entre cuerpo y espíritu, entre persona y ambiente, entre personalidad y responsabilidad.
Las Directrices de la Pastoral de la Salud en México (DPSM), definen la PS como la presencia y la acción de la Iglesia para llevar la luz y la gracia del Señor resucitado a los que sufren, a los que los cuidan y para fomentar una cultura de la vida y la salud.
Eso es lo que tratamos de vivir y realizar en la Capilla de Nuestra Señora de Belén y San Miguel Arcángel y en el Antiguo Hospital Civil, donde se viven y practican las obras de misericordia hace aproximadamente 230 años y desde el Padre Juan Bernal que llegó como Capellán en 1934, no ha faltado un Sacerdote que atienda a los enfermos de esta benemérita institución.
El hospital cuenta con más de 900 camas para atender a los enfermos hospitalizados.
¿QUÉ HACEMOS EN EL HOSPITAL?
Anunciamos a Jesucristo: encontramos personas que no están evangelizadas y/o que, por alguna razón, se habían alejado de Dios o de la Iglesia, durante su estancia les compartimos la fe; celebramos a Jesucristo con los sacramentos: confesamos, se distribuye la santa Comunión, la santa Unción, bautizamos niños en peligro de muerte, etc.; y fomentamos la solidaridad o fraternidad: compartimos cosas que nos llegan para canalizar, se teje una red de ayuda para los necesitados, nos apoyamos mucho en Cáritas Diocesana.

UN ÁNGEN QUE RECORRE EL HOSPITAL
Tomasita es una feligrés que conocí dentro del hospital y que me queda claro que es uno de tantos ángeles que recorren día a día las diferentes áreas del hospital: después de caminar por el área antigua, escogía un paciente y le decía a su familiar: “Soy Tomasita, vivo en tal calle, estas son las llaves de mi casa, dejé comida en la estufa para que desayunes, agua y jabón en el lavadero para que laves tu ropa, una toalla y otras cosas para que te bañes y mi cama está lista para que tomes un descanso, todo el tiempo que estés en mi casa será el que yo esté con tu enfermo”.
Durante mucho tiempo, ésta fue su manera de ser fraterna y solidaria. De una forma o de otra, algo similar se realiza en tantos hospitales públicos o privados, los Sacerdotes se hacen presentes para apoyar pastoral y espiritualmente a los enfermos con un equipo dispuesto y capacitado para esta pastoral.

LA MISIÓN DE LA PARROQUIA CON LOS QUE SUFREN
La labor de las Parroquias con aquellos que sufren ha sido una constante. La Iglesia siempre se ha preocupado por los problemas de la salud. Así lo demuestra su historia a través de los siglos, siempre se ha preocupado de aliviar los sufrimientos y promover el bienestar en todos los niveles.
El Seminario Diocesano incluyó talleres para sus alumnos, entre ellos, la Pastoral de la Salud, con la idea de ir preparando a los futuros Sacerdotes para esta noble misión: asistir a los enfermos.

No debemos perder la oportunidad de reconocer que estar en un hospital es estar en la escuela del dolor y en la universidad del amor y, con la certeza que nos dan las palabras del Señor:
“Vengan, benditos de mi Padre, porque estaba enfermo y me visitaste…”.
«Vencido por el amor, el sufrimiento humaniza y diviniza a aquel que se deja conducir dócilmente por el designio del Padre» (San JP II).

“Si cada hombre es hermano nuestro, con mayor razón el débil, el que sufre y el necesitado de cuidados deben estar en el centro de nuestra atención, para que ninguno de ellos se sienta olvidado o marginado” (Papa Benedicto XVI).
“Si huyes del sufrimiento, no aspires a ser santo”.
“Cuando el dolor te atenace, mira en silencio a la Cruz, como lo hizo la Virgen María, y encontrarás descanso” (Card. Van Thuan).

Cuidemos a los que sufren y están solos: Papa Francisco

No conviene que el hombre esté solo, es el título del mensaje del Papa Francisco para la XXXII Jornada Mundial del Enfermo, este 11 de febrero. El Papa señala cómo con demasiada frecuencia la cultura del descarte prevalece, incluso en los países que están en paz, donde las opciones políticas no ponen en el centro la dignidad de la persona humana y sus necesidades.
La asistencia debe ir acompañada de una “alianza terapéutica entre médico, paciente y familiares”.
“Cuidemos a los que sufren y están solos”, los enfermos, los frágiles, los pobres, “están en el corazón de la Iglesia y deben estar también en el centro de nuestra atención humana y pastoral”, señala el Papa en su mensaje con motivo de la XXXII Jornada Mundial del Enfermo.
EL DESEO DE TERNURA
En su mensaje, su Santidad señala que “cuidar al enfermo, en efecto, significa ante todo cuidar de todas sus relaciones, Dios, familia, amigos, personal sanitario, pero también con la creación y consigo mismo”.
Agregó que el primer cuidado del que tenemos necesidad en la enfermedad es, por tanto, el de una cercanía llena de compasión y ternura, y se refirió a quienes padecen una enfermedad, temporal o crónica, pidiéndoles que no se avergüencen de ello: “¡No se avergüencen de su deseo de cercanía y ternura!… No lo oculten y no piensen nunca que son una carga para los demás. La condición de los enfermos invita a todos a frenar los ritmos exasperados en los que estamos inmersos y a redescubrirnos. Hemos venido al mundo porque alguien nos ha acogido.
Hemos sido hechos para el amor, estamos llamados a la comunión y a la fraternidad”.

Recordó también a quienes estuvieron enfermos durante la pandemia y no podían recibir visitas, y dijo que una realidad producto del individualismo es la cultura del descarte “que exalta el rendimiento a toda costa y cultiva el mito de la eficiencia, volviéndose indiferente, e incluso despiadada, cuando las personas ya no tienen la fuerza necesaria para seguir ese ritmo, es la cultura del descarte”.

Añadió: “el abandono de los frágiles y su soledad también se agravan por el hecho de reducir los cuidados únicamente a los servicios de salud, sin que estos vayan sabiamente acompañados por una ‘alianza terapéutica’ entre médico, paciente y familiares”, por lo que exhorta a la población a no olvidarse de los enfermos y ser empáticos con ellos.

@arquimedios_gdl

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