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LAURA CASTRO GOLARTE

Sexenio tras sexenio los mexicanos fuimos testigos y víctimas de decisiones gubernamentales u omisiones o acciones abusivas perpetradas por la clase gobernante. El sistema político mexicano, funcional al principio en términos que pintaban para construir una democracia, encontró pronto la manera de usar el discurso revolucionario para atraer a las masas y luego controlarlas; lo mismo que a las élites, prácticamente a todas. Se convirtió en una gran agencia de colocaciones y contratos. Con la herencia de plazas, la lealtad creció de manera exponencial: lluvia y abono a través de favores, empleos y privilegios reportó abundantes cosechas electorales hasta que el sistema empezó a registrar fallas causadas por un Estado ensoberbecido, omnipresente, todopoderoso, autoritario, represor y corrupto.
La descomposición, pese a los sucesivos intentos, no tuvo remedio y creímos que en México se había instalado, perfecta y transparente, la democracia. No fue así.
Los partidos políticos encontraban la manera de violar leyes recién aprobadas, reformas apenas en vigor, para seguir apostando por la trampa y no por un ejercicio auténtico de gobierno y de servicio público a favor de las personas, de todos los mexicanos, a favor de la nación como interés superior de toda su operación, estructura y aparato.
Mientras tanto, los mexicanos de varias generaciones hemos estado sometidos a crisis económicas, unas más profundas que otras; a malas y pésimas decisiones; al incremento de la pobreza y la desigualdad en todas sus categorías; a la injusticia y, por si fuera poco, al desdén como sociedad desde quienes han ostentado el poder.

Hoy, cuando creo (por diferentes signos, decisiones y estrategias) que se está gestando un cambio profundo que podría ser de largo aliento para abatir los rezagos e iniciar un auténtico camino de ascenso y desarrollo como país, en ciertos sectores de la sociedad se acentúan las divisiones y críticas basadas en la desinformación y en un odio descomunal e incomprensible que ciega y enferma, alimentado por élites que han visto afectada su participación en ese sistema al que me he referido y que está en proceso de desmantelamiento; y digo en proceso, porque es claro que se trata de una tarea que demanda tiempo y disciplina, determinación.

Las cifras que voy a compartir aquí son noticia de que algo está cambiando en términos positivos para todos los mexicanos. Los datos provienen de entidades internacionales, del INEGI y del Banco de México en su mayoría, es decir, instituciones autónomas protegidas para que la información que manejan no sea alterada. Este es un punto; otro, es que en estos tiempos de globalización, de estrecha relación entre países y sus respectivas economías, no es posible falsear datos, el escándalo y el desprestigio serían descomunales. Y, finalmente, los he leído en medios por lo general críticos de la actual administración como El Economista, El Financiero, Forbes México y El País, por citar algunos, referidos por ejemplo, en sitios de la iniciativa privada como la Concanaco Servytur México.
El crecimiento de la economía ha tenido una evolución que impacta si se considera la caída estrepitosa de la pandemia (menos 8 %), de hecho, entidades como el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y el Banco Mundial han tenido que hacer ajustes a la alza en sus estimaciones y, todo parece indicar que, México crecerá este año (como el anterior) más que Estados Unidos, del que es el principal socio comercial: mientras que la economía mexicana podría crecer 2.5 % la del vecino del Norte, 2 %; en cuanto a las proyecciones con miras a 2024, México 3.5 % y EE. UU., 1.8 por ciento.

Con altibajos, el comportamiento de la Bolsa Mexicana de Valores ha sido también con tendencia alcista y, en promedio desde 2019, el incremento en el valor de las operaciones es de 30 por ciento. Los empresarios de todos los tamaños, particularmente los grandes y muy grandes, conocen estos datos.

El porcentaje de desempleo mensual en octubre pasado fue de 2.6 % y México se ubica en el tercer lugar de este indicador sólo debajo de Corea del Sur y Japón que tienen, ambos, 2.5 %; la tasa en España fue de 11.8 % en este mismo periodo. La tendencia de este indicador en los últimos cinco años ha sido a la baja; a principios de este año llegó a niveles históricos. Hay empleo, hay mercado interno dinámico.
En cuanto a la pobreza, los datos más notables de los que no había tenido noticia en el mundo salvo el caso de la primera gestión de Lula da Silva en Brasil, se han reducido drásticamente. El porcentaje de personas en pobreza pasó de 44.4 % en 2008 a 36.3 % en 2022.
El espacio es breve así que invito al lector a buscar más información sobre estos indicadores y otros como la evolución de la deuda, inversión extranjera directa, la inflación (se ha reducido pero es uno de los aspectos más variables con tendencia siempre a la alza), las reservas internacionales, las remesas, la paridad, la producción petrolera y otros, mayormente positivos que han llevado a organismos internacionales a afirmar que México está viviendo un momentum económico notable. Hay visos de un cambio profundo enfocado en el bienestar de los mexicanos… Ya era hora

@arquimedios_gdl

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